Por algo llamaban ‘Rayo’ a Rodrygo

El brasileño deslumbra a toda velocidad.


Le llamaban Rayo. O Raio. Sin haber soplado aún 19 velas, Rodrygo Goes iluminó el Santiago Bernabéu en una noche de las que amenazan con desatar una tormenta de la nada y que sólo tuvo un cielo lleno de destellos.

Hizo tres goles. Uno, dos y tres. Con la zurda, con la cabeza, con la punterita de la diestra en el 92′ para cerrar un hat-trick de ensueño. El segundo jugador más joven de la historia del club más laureado de la historia de la Champions en lograrlo.

El primero sigue siendo un tal Raúl González Blanco.Le llamaban Rayo en Santos. Premonitorio. Dos goles en un abrir y cerrar de ojos, de esos que cuando besan la red la gente vuelve a mirar al goleador para confirmar su identidad y exclama su nombre. «¡Rodrygo!» se escuchó en el minuto 4.

Otra oleada en el 7′, casi sin tiempo de que se acallase el grito anterior, cosiendo el eco del primer gol con la celebración del segundo. Y cerró la fiesta casi coincidiendo con el pitido final. Sin más extravagancias ni reivindicaciones propias que lanzarse de rodillas, dar gracias señalando al cielo y besar el balón que luego se llevó bajo el brazo rumbo al vestuario.

He cumplido un sueño escuchando al Bernabéu corear mi nombre. Pero hay que tener calma y estar tranquilo»
Rodrygo Goes .O Raio, el último alumno cum laude de O Rei, dejó su primera huella en el terreno que nunca holló su maestro Pelé. Europa, la Champions, el Santiago Bernabéu, a los pies de un chaval que apenas empieza.

Que en su sexto partido (los mismos que tardó Di Stéfano) con el Real Madrid se lleva su primer balón a casa, el que dejará cerca de la chimenea. Al segundo le buscará un sitio menos privilegiado, pero también destacado. A los que vendrán después les espera una estantería, mientras quepan.

Como un rayo, un fogonazo, eso es lo que han visto pasar por delante de ellos sus compañeros. En la cola que se monta frente al despacho de Zidane para optar a minutos y a la titularidad, Rodrygo pidió la vez al último en verano, como en la carnicería. Pero mientras otros se entretenían o se tocaban los isquios doloridos, él ha estado más vivo, se ha colado y ha cerrado la puerta tras de sí dejando con un palmo de narices a Vinícius, a Lucas, a Isco, a James, a Jovic.

A Gareth Bale. Rodrygo Goes marcó tres goles, se llevó el balón a casa, agradeció a todo el mundo y a dormir. Es su trabajo y no se lo tomó como una noche excepcional. Su candidez contrasta con su serenidad, su edad con su veteranía y su alegría con su seriedad. Ha quemado etapas a toda velocidad y, aunque esté aún en periodo de aprendizaje, aprueba cuatrimestres en cuestión de semanas.

La semana que viene debutará con la Canarinha, la camiseta que sueñan con vestir los millones de niños que juegan al fútbol en las calles de Brasil. Lo que soñaba hace no tanto Rodrygo, al que los sueños le duran siestas y cuando se despierta ya los tiene recortados en el álbum de fotos. Cumplidos.

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